Cuando damos carta blanca, estamos dejando claro que aceptamos cualquier consecuencia. No cabe lamentarse después, esperando a ser oídos. No cabe plantear después cuáles han sido los errores y cómo podían no haber sido cometidos. No cabe esperar después, que todo salga como creímos haber convenido.
Créditos imagen: Alvimann - Pluma_1
Bueno, Mariposita, recuerdo un refrán, "una piensa el borracho y otra el bodeguero" porque hay que contar con las sorpresas que da la vida por muy bien intencionados que seamos en el cáculo de probabilidades, tampoco se puede ir viviendo como Tomás porque la vida perdería su valor sentiemntal, eso sí, si damos carta blanca y sale negro el asunto de la confianza, pos a intentar un segundo chance aunque sin poner la otra mejilla.
ResponderEliminar*Comentario posteado por María del Carmen el 22/11/2011.
Intentarlo, siempre. Sin poner la otra mejilla, por supuesto. Pero también podríamos no dejarlo todo en manos de los demás...
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