El que no es sincero sabe del potencial de su inversión: fabrica y exporta mentiras y se beneficia del comercio de lo incierto. Guarda la verdad como garantía de inversión y recibe la compensación que reporta mantener al resto en el camino incorrecto. La sinceridad ha pasado a considerarse un exceso y la costumbre de ser sinceros, un lujo que no a todos se les puede permitir. Por ello, para asegurar la expansión y eficacia del negocio de la mentira, a los empresarios con más éxito se les premia con el galardón de individuos electos.
Créditos imagen: TodaysMama.com (Texto de la imagen: La libertad no es gratis)

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